Olite
El castillo que los reyes de Navarra construyeron para no querer vivir en ningún otro sitio
Salís de Ttipiaenea después del desayuno. La autovía baja hacia el sur y el paisaje empieza a cambiar pronto: los prados húmedos de la Cuenca dejan paso a campos de cereal, viñedos en hilera y ese cielo ancho y despejado que tiene la Ribera navarra cuando el día acompaña.
Cuarenta minutos después de salir, Olite aparece en el horizonte y lo primero que veis no es el pueblo: son las torres. Cuatro, seis, diez torres medievales que sobresalen sobre los tejados como si alguien hubiera construido la ciudad entera para que el castillo tuviera público.
Diez torres. Un rey que sabía vivir bien.
Carlos III de Navarra —el Noble, lo llamaron, y algo tendría para merecer el apodo— decidió a principios del siglo XV que Olite iba a ser su residencia definitiva y que el palacio tenía que estar a la altura de esa decisión. Lo que construyó es uno de los conjuntos palaciegos góticos más extraordinarios de Europa: diez torres de distintas alturas, jardines colgantes, galerías, capillas y hasta una colección de animales exóticos que incluía leones, camellos y una jirafa.
La jirafa ya no está, pero las torres sí. Podéis subir hasta arriba y ver desde las almenas cómo los viñedos de la Ribera se extienden hasta donde alcanza la vista. Los niños corren por las escaleras de piedra. Las parejas se detienen en cada ventana gótica. Los que van solos sacan el cuaderno y se quedan un rato sin escribir nada, mirando.
La visita guiada dura una hora. La visita libre, el tiempo que queráis. Hay quien entra a las diez de la mañana y sale cuando los pies le avisan de que ya es suficiente.
Calles medievales y bodegas al pie del castillo
Olite no es solo el castillo. Es también el pueblo que creció a su alrededor durante siglos: calles empedradas, arcos de piedra, la iglesia gótica de Santa María la Real con su portada esculpida, y una plaza mayor donde a mediodía huele a cocina navarra desde tres bares al mismo tiempo.
Olite está en el corazón de la Denominación de Origen Navarra. Los viñedos rodean el pueblo y algunas bodegas abren sus puertas para visitas y catas. Si viajáis en agosto, el Festival Medieval convierte las calles en escenario: juglares, torneos, mercado medieval y el castillo iluminado de noche como telón de fondo. Uno de esos eventos que merece planificar el viaje alrededor.
Descansa en Ttipiaenea Landetxea
El castillo se queda atrás. La autovía sube despacio hacia el norte y el paisaje cambia otra vez: la Ribera seca y luminosa cede el paso a los verdes de la Cuenca, y en cuarenta minutos estáis en Ariz.
Ttipiaenea espera con la casa abierta. La cocina, la chimenea si el día lo pide, el jardín si no. Después de un día entre torres medievales y viñedos, el sillón de Ttipiaenea se gana con mucha facilidad. Hay días que no necesitan más remate que ese.
Cómo llegar desde Ttipiaenea
- Distancia62 km · 40 min por la A-15 dirección Zaragoza
- Palacio RealEntrada: ~6 € adultos · ~3 € niños · Visita libre o guiada
- Horario10:00–20:00 en temporada alta · Consultar en invierno
- Festival MedievalÚltima semana de agosto · Muy recomendable
- Con niñosSí, ideal · Las torres y la historia del zoo real engancha desde los 5 años
- AparcamientoGratuito en los alrededores del casco histórico